Consolidación
institucional (1968-1972)
Una nueva fase se inició con la Ley 1ª de
1968, introduciendo modificaciones a la Ley 135 de 1961 sobre Reforma Social
Agraria, como intento del Estado de intensificar los procedimientos para
afectar la tenencia de la tierra. Se abre paso a la extinción de dominio por
vía administrativa de las tierras inadecuadamente explotadas, a la entrega de
la tierra a los aparceros que la estuviesen trabajando, así como a la
institucionalización de la interlocución campesina con el Estado, a través de
la creación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) (Machado y
Suárez, 1999)
No obstante, el objetivo de dotar de tierras
a los arrendatarios y aparceros no se cumplió del todo. Por el contrario, los
propietarios de tierras desalojaron a los campesinos para evitar que éstos
solicitaran su adjudicación, o bien iniciaran reclamaciones por el pago de
mejoras realizadas por ellos en los predios, de forma similar a lo ocurrido con
la Ley 200 de 1936 (Mondragón, 2001). Otras problemáticas en este período
fueron la violencia en el campo por parte de las guerrillas y grupos paramilitares
y la siembra de cultivos ilícitos (Palou, 2008).
Pulecio (2006) menciona que la conjunción de
campesinos sin tierra y de aquellos con ideologías de izquierda, dio origen a
movimientos armados en defensa de sus ideales. Por otra parte, en los años
sesenta y debido a la pobreza vivida en el campo, los campesinos iniciaron un
nuevo negocio: se efectuaron las primeras plantaciones ilícitas de marihuana en
zonas de la Costa Atlántica, donde se desarrolló una clase social adinerada que
empezó a demandar tierras como procedimiento para el lavado de activos y
ampliar la siembras, esta vez de hoja de coca y amapola, para la producción de
cocaína y heroína. La expansión de los grupos armados al margen de la ley y el
aumento de los cultivos ilícitos provocaron, de nuevo, la concentración de la
propiedad o latifundización (Palou, 2008).
En esta fase, por primera vez, se considera
de gran importancia la opinión de los campesinos, por parte del Estado. La
nueva forma de la estructura agraria no sólo contempló al campesino como un
factor o elemento, sino también como un actor que expone sus puntos de vista.
Así lo manifestó el Estado al evaluar la aplicación de esta ley durante una
década y concluir que se debía mejorar la regionalización de los objetivos y
programas e incrementar la participación campesina (Balcazar et ál., 2001,
Lavandez, 2004).

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