La vida
agraria precolombina (1200-1498)
Este período se toma desde el año 1200 hasta
la conquista española. Según Melo (1996), las culturas indígenas colombianas
más complejas se formaron a partir de este año, hasta la intervención cultural
española. Las jerarquías o cazicazgos, la eficiente estructura
político-administrativa, ciudades monumentales, obras de arte incontables,
tradiciones orales e inmateriales, revelan el nivel de desarrollo que alcanzaron
estas civilizaciones.
Sobre la existencia de tenencia de la tierra
hay referencias que exponen la propiedad comunitaria indígena, en tanto otras
se refieren a la existencia de propiedad privada de herencia familiar, de
acuerdo con la comunidad indígena. Algunos plantean la presencia del derecho de
propiedad: Mártir (1964, citado por Séjouré, 1994) resume el derecho de
propiedad de la siguiente manera:
Es cosa averiguada que aquellos indígenas
poseen en común tierra, como la luz del sol y como el agua, y que desconocen
las palabras “tuyo” y “mío”, semilleros de todos los males. Hasta tal punto se
contentan con poco, que en la comarca que habitan antes sobran campos que falta
nada a nadie. Viven en plena edad de oro y no rodean sus propiedades con fosos,
muros ni setos.
Habitan en huertos abiertos, sin leyes, ni
libros y sin jueces, y observan lo justo por instinto natural. Consideran malo
y criminal al que se complace en ofender a otro. Mendoza (1998) afirma que los
indígenas no demarcaban o delimitaban la propiedad de la tierra, ni existía
prueba física alguna, a manera de título de propiedad:
“ … el hombre y la tierra formaban una unidad
vital, inseparable y mágica, donde las montañas eran dioses y los truenos sus
voces”. La tierra no tenía valor en dinero, tenía valor en uso.
Pese a lo anterior, en tribus indígenas de la
familia lingüística Chibcha existía la propiedad privada de la tierra, dirigida
por los caciques. Las familias poseían terrenos, de acuerdo con la capacidad de
usarlos, los cuales heredaban a sus hijos (Corpes, 2004). La agricultura
practicada por estas tribus sedentarias era principalmente de subsistencia,
sembrando especies vegetales para la alimentación, medicina, rituales y fibras
para la elaboración de tejidos, pero cuando se producían excedentes, incluyendo
los de otras actividades como la minería, se realizaban ferias de intercambio o
mercados entre los pueblos, como el caso de Zipaquirá para el trueque o
comercio de sal, en Ráquira con cerámica, Muzo y Somondoco para las esmeraldas
(Uricoechea, 1854). “Cultivaban el maíz, pero no logrando surcos con un arado,
apero que desconocían, sino haciendo agujeros con un azadón [...], también
cultivaban la papa, batata, la yuca, los frijoles, los pepinos, los tomates y las
calabazas” (López, 1995).
El trabajo de las tierras se realizaba en
común, según mandaba el jefe del clan o sacerdote, en el caso de la tribu
Muisca, también de la familia lingüística Chibcha. La apropiación de los
excedentes de producción se efectuaba mediante el cobro de un tributo o
impuesto, que debía pagarse en especie y con trabajo obligatorio en los cultivos
de los jefes de tribu y de los sacerdotes (Langabaek, 1985).
En este período histórico de partida, se
muestran de forma general los principios de la estructura agraria precolombina,
donde la tenencia de la tierra era un derecho de los indígenas, coordinado por
mandos altos de las clases sociales diferenciadas, y que era heredado a las
nuevas generaciones. Además del derecho a la propiedad privada de la tierra,
existía la obligación de trabajar las tierras de los jefes de tribus, para así
producir excedentes comercializables.
No hay comentarios:
Publicar un comentario